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Cuerpos, Producto de la Industria

Cuerpos, Producto de la Industria

Año 2020. Inolvidable, o para el olvido. Nos encontramos inmersos en el escenario pandémico, bombardeados de información y diversas opiniones, adaptándonos a la ‘nueva normalidad’. Pero me siento a reflexionar y encuentro que hay algo que no cambió, y que se mantiene con el correr de los años. Año 2020, y “el cuerpo” sigue siendo noticia. Comentarios en redes y medios de comunicación que dejan mucho que desear (y que re-pensar). Tener “unos kilitos de más” está mal, estar “demasiado flaco” está mal. En fin, no obedecer a lo que los medios nos hacen creer como norma está mal.

Leyendo “El hombre postorgánico” de Paula Sibilia, me encontré con fragmentos que ilustran a la perfección el mundo en el que vivimos, y me gustaría compartirles.

“En todas las sociedades, el cuerpo está inmerso en una serie de redes que le imponen ciertas reglas, obligaciones, límites y prohibiciones” … “Los modos de ser constituyen mercaderías muy especiales, que son adquiridas y de inmediato descartadas por los diversos targets a los cuales se dirigen, alimentando un espiral de consumo en aceleración constante”.

Esto me lleva a reflexionar: un cuerpo “fuera de la norma” no está bien porque “no vende”. Entonces, para esta sociedad capitalista no somos más que “modelos subjetivos efímeros y descartables, vinculados a las caprichosas propuestas y a los volátiles intereses del mercado”. No es casualidad que la industria ofrezca un sinfín de dietas novedosas para el descenso de peso, productos farmacéuticos milagrosos con el mismo fin, cremas y cremas antiage, productos moldeadores o reductores. Queremos encajar en lo que nos dijeron que era normal, y luchamos contra lo natural: envejecer y morir. Creemos que esos productos nos van a dar felicidad, vida eterna, y no nos damos cuenta que el producto terminamos siendo nosotros. – Cuerpos producto de la industria-.

Así es que entiendo que ya no podemos dejarnos llevar por lo que vemos, leemos o nos cuentan. Nadie está pensando en nuestra salud, lo único importante es darte las herramientas para alcanzar el “cuerpo perfecto”, y que a la industria le sea rentable. Pero, ¿saben cuál es el problema? (si se puede llamar problema) Nuestra vulnerabilidad, somos sensibles a los que otros opinan de nosotros, a lo que otros esperan de nosotros. Y la industria lo sabe.

Como profesional de la salud, los invito a re-pensar, para hacerle frente a tanto bombardeo de información. Tu cuerpo no es un talle, un número, una marca exclusiva, ni un instrumento de la industria. En primer lugar, tu cuerpo es tuyo, y la opinión que más debería importarte es esa, la tuya. Nadie mejor que vos sabe lo que tenés que afrontar, los medios con los que contás para salir adelante, y las formas de cumplir tus objetivos. Y, en segundo lugar, somos mucho más que un cuerpo. Somos cuerpo, sentimientos, logros y fracasos. Sin embargo, qué fácil le es a la industria reducirnos a una norma, a un cuerpo “que encaje”, ¿no?.

Los años pasan, algunas cosas van cambiando, pero en cuanto al cuerpo y las distintas subjetividades respecta, todavía falta. Falta que dejemos los estereotipos imposibles (que nos vende la sociedad capitalista) atrás, falta que pongamos la salud por delante de “lo que se ve”, sobran comentarios nefastos, falta empatía como sociedad.

Año 2020. Pongamos foco en realidades saludables, no imposibles. Seamos pioneros desde nuestro lugar, en el día a día de nuestra profesión, con nuestra familia o amigos, acompañando desde el más pequeño al más grande. Creo que podemos marcar la diferencia, ¿vos no?

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